Probablemente has visto un nameplate cientos de veces sin saber que se llamaba así.
Una cadena fina, un nombre escrito en oro. Para millones de personas, esta imagen quedó asociada para siempre con Carrie Bradshaw y su famoso collar de Sex and the City. Pero cuando Carrie empezó a llevarlo en pantalla, estas joyas ya tenían décadas de historia en Nueva York.
Y esa historia dice mucho sobre lo que ocurre cuando un objeto nacido dentro de una comunidad termina formando parte de la cultura popular.

Antes de Carrie
Patricia Field, responsable del vestuario de Sex and the City, contó que conocía los nameplates mucho antes de ponerle uno a Carrie. Durante años había visto estas joyas entre jóvenes negros y puertorriqueños de Nueva York.
Desde los años 70, las joyas con nombres formaban parte de la cultura visual de las comunidades negras y latinas de la ciudad. Los nombres aparecían en cadenas, anillos, pendientes y otras piezas hechas especialmente para la persona que iba a llevarlas.
También estaban ligadas a momentos bastante cotidianos: cumpleaños, comuniones, graduaciones o simplemente el paso a una nueva etapa de la vida.
Y entonces el nameplate apareció en el cuello de Carrie Bradshaw.
Su collar se convirtió en uno de los accesorios más reconocibles de la serie y, para una audiencia enorme, el nameplate terminó siendo simplemente “el collar de Carrie”.
Pero esta joya no nació en Sex and the City. La cultura pop hizo famosa una estética que llevaba años circulando por otros rincones de Nueva York.
Documenting the Nameplate
Esta es precisamente la historia que Marcel Rosa-Salas e Isabel Attyah Flower comenzaron a documentar con Documenting the Nameplate.
El proyecto reúne fotografías, testimonios e historias orales para seguir el recorrido de estas joyas y de las personas que las llevaron. No aparecen solo las piezas, sino también los cumpleaños, las familias, los barrios, las joyerías y los recuerdos que existen alrededor de ellas.

